La voz de las regiones
La voz de las regiones
posteado por: Paulina Astroza
Mi intención esta semana era comentar las revueltas populares que se están produciendo en Túnez y Argelia. Deseaba hablar de exclusión, discriminación, falta de oportunidades para jóvenes que no ven en sus Estados perspectivas para salir adelante, falta de representación política. En definitiva, de frustración e impotencia. Sin embargo, siendo de región, las noticias sobre lo que ocurre en Magallanes me han golpeado fuerte. Entonces, me decidí por vincular dos temas que me son muy queridos y que pueden aportar al debate: la descentralización y la experiencia europea en el marco de su proceso de integración.
No es fácil explicar en pocas líneas el rol que tienen las regiones (o entes subnacionales, como es más correcto calificar) en cada Estado europeo porque son realidades distintas. Sin embargo, es indudable que cualquiera sea la forma jurídica que éste adopte (federal, regional o unitario descentralizado), han ido entregando a sus entes subnacionales (estados federados, regiones, comunidades autónomas, ayuntamientos, cantones, municipalidades u otras formas) un rol importante en el desarrollo y determinación de su destino. Hay casos, como el belga, en que la descentralización ha sido tan profunda que hoy incluso algunos sostienen que sólo los une la Monarquía (...y la selección de fútbol). Otros, como el francés, siendo un Estado unitario, han vivido un proceso de descentralización importante.
Hay regiones que destacan incluso por su capacidad internacional como es el caso de Cataluña, País Vasco, Flandes, Valonia o Gales (lo que es conocido como paradiplomacia), lo que las ha llevado a tener representaciones en muchas partes del mundo.
Todos tienen en común que en alguna medida han abandonado la idea de Estado unitario fuertemente centralizado para dar paso a construcciones, más o menos creativas, de descentralización política, haciendo frente de esta manera a los desafíos que el mundo moderno plantea.
Desde el punto de vista del proceso de construcción europeo, las regiones han ido paulatinamente ganando espacios. Es cierto que el principal motor de la integración han sido los Estados centrales, sin embargo, por distintos factores, ellos no tienen actualmente la exclusividad del control de la dinámica comunitaria. Este proceso ha realzado el rol de las regiones y éstas están llamadas a tener una participación cada vez más activa.
Las regiones reclamaron una mayor participación en la toma de decisiones comunitarias que afectaban sus intereses. Fruto de estas presiones, y ciertos acontecimientos que se vivieron al interior de la UE (ampliación a países del Mediterráneo menos desarrollados en los años '80), las regiones fueron ganando terreno, siendo reforzado su rol en el Tratado de Lisboa que rige actualmente.
Existe en Europa el Comité de las Regiones que fue creado en 1994 enmarcado en lo que es el principio de subsidiariedad. Este establece que la UE debe tomar las decisiones lo más cerca posible de los ciudadanos. No puede adoptar medidas (excepto en asuntos en que es de su exclusiva competencia) a menos que ello resulte más eficaz que la adopción de medidas a nivel nacional, regional o local. Es decir, su actuación es excepcional. Este Comité cuenta con 344 integrantes y es la asamblea política donde están representados los entes locales y regionales de la UE. Su misión fundamental es facilitar que en el proceso legislativo comunitario se escuche la opinión de los representantes locales y regionales y que estas decisiones se tomen en el nivel más práctico y cercano al ciudadano. Junto con consagrar otros principios como el de autonomía local y regional, el fomento de la cohesión territorial y de diversidad cultural y lingüística como objetivos de la UE, el Tratado de Lisboa reforzó el rol político del Comité de las Regiones (aun cuando no lo elevó al nivel de "institución" como era el deseo de muchos regionalistas).
Los miembros del Comité se manifiestan en nombre de las regiones y de los gobiernos locales. Los legisladores europeos difícilmente pueden ignorar sus reivindicaciones. Se trata, en definitiva, de acercar la UE a las personas, hacerla más directa y responder también a la crítica que usualmente se le formula del llamado "déficit democrático".
En mi opinión, los Estados deben adaptarse a las necesidades de su tiempo, como lo han hecho en Europa dándole mayor importancia a las regiones en los dos niveles: a nivel nacional y de la UE. Chile debe hacerlo dentro del propio Estado. No parece sostenible un centralismo como el que vivimos. Basta de promesas y pasos a medias. Se debe escuchar a las regiones y dotarlas de las competencias y recursos para seguir la tendencia mundial descentralizadora. No se debe creer que esto va en contra del Estado sino a favor del mismo. La misma OCDE nos hizo ver nuestras falencias en este tema. Y es una tremenda tarea pendiente.
